De un viaje relámpago a Miami. Diálogos en el infierno de la resistencia con Jaime Bayley.

Por José Sant Roz¹.

Millones de cubanos huyeron a Miami para planificar la caída de Fidel Castro, y allá muchos se volvieron grandes libertadores de América en un proceso de deprimente pudrición mental, procurando olvidar sus propias vidas en juegos de dominó, de bolos y cartas, apolillándose para luego terminar como esos toros gordos y capados con la argolla en las narices o en las orejas,… enjutos, letárgicos, hablachentosos. Ninguno, evidentemente tenía nada que ver con lo que buscaba el apóstol José Martí…

Pero les cayó a los venezolanos, no se sabe por qué milagro o de qué nube mágica, un ángel vengador peruano con copete de lengua de vaca sobre su resplandeciente molleja… un peruano llamado Jaime Bayley, … Gran recurso, gran ayuda, qué tipazo, carajo!

Menos mal, digo que está allí en Miami el precursor y genial peruano Jaime Bayley para ayudar a esa oleada de venezolanos, estrujados luchadores, que se dirigen a esta meca del goce y del entretenimiento para ver cómo sacan de abajo a su pueblo; esta vez se trata, pues, de oleadas desde la tierra firme no en balsas sino como tripulantes VIP, en primera clase, y con rolitrancas bolas de billetes verdes, pero en todo caso en trances aciagos de búsqueda de la libertad. Se trata de hablachentosos sudamericanos que no descansan dándole a la lengua y a los celulares para procurar destruir la revolución bolivariana. Saben estos luchadores sobre todo maldecir y marchar, exquisitamente trajeados, creyéndose estar poseídos por los dones y las savias más sagradas del universo, ¡Dios mío!

Cuando Chávez triunfó en 1998, hubo ciertas preocupaciones en Washington: “Venezuela puede irresponsablemente estar tomando el camino de la revolución Castro-comunista”. Se tomaron las previsiones del caso y se pulsaron las sensibles alarmas del momento enviando Washington algunos sesudos emisarios. En el 2002, estos emisarios confirmaron que había un dictador en Venezuela, por lo que se hacía inevitable empujar (aislarlo, bloquearlo, sabotearlo y amenazarlo) el país hacia el abismo económico, para que inevitablemente se le pudiera mostrar al mundo cómo fracasa otra nación que “irresponsablemente” intenta busca el camino “equivocado” del socialismo.

En Miami, me cuentan los exiliados, con fervor desmedido, que el nuevo precursor de la patria para esta camada de opositores al chavismo, es nada más ni nada menos que el peruano Jaime Bayley; que éste los adoctrina a todos con su vocabulario finísimo, muy bien dotado de sutilezas categoriales y científicas, que los eleva a cosmovisiones de auto-determinaciones ultra-modernas. En Miami, me cuentan los exiliados, con fervor desmedido, que el nuevo precursor de la patria para esta camada de opositores al chavismo, es nada más ni nada menos que el peruano Jaime Bayley; que éste los adoctrina a todos con su vocabulario finísimo, muy bien dotado de sutilezas categoriales y científicas, que los eleva a cosmovisiones de auto-determinaciones ultra-modernas.

Bayley, en privado, les habla con la fe ciega aquella de Torquemada, con esa fe que hizo que 21 negros fueran quemados durante las guarimbas del 2016. Bayle les ha dicho: “- Tenéis un horizonte para que podáis probaros en aguerridas voluntades… Vosotros sabéis que soy en extremo perezoso para estas lides, pero las glorias de alcanzar la libertad de vuestra patria claman por la presencia de ustedes y por eso he decidido hasta salir de la cama los domingos…”.

Abundan los opositores, no lo dudemos. Hay bastante, me lo ratifica el propio Jaime Bayley con quien pasé cincuenta horas discutiendo sobre las mil maneras que quedan todavía para derrocar al tirano Maduro. Y lo hicimos en medio de una humareda de tabaco fino, de tragos exquisitos y brutales condumios sólo para sibaritas: “-Yo – dijo Orlando Urdaneta quien tuvo el honor de acompañarnos alzando una copa de vino-, cuando liberemos a Venezuela a lo menos que yo puedo aspirar es a ser ministro de Cultura. Miren cuánto he envejecido luchando por mi patria- y se subió la camisa para mostrar las cicatrices de las heridas recibidas en combate…”; a lo que le replicó Rafael Poleo (también allí con nosotros): “- En nombre de esta pluma que ha destilado tanta nobleza en cincuenta años sosteniendo verdades a través de la Cadena Capriles y mi imperio mediático, a mí sólo me queda por decir que sería dichoso si el próximo presidente de nuestra tolda tuviera a bien concederme la embajada en el Reino de la Gran Bretaña…”.

Fue muy duro toda esta visión de esos quince días que pasé con esta gente entre tascas, cafés y restaurantes, llegando a conclusiones extravagantes que aquí estampo para los que se encargarán de registrar esta historia de exiliados, de torturados y perseguidos por la tiranía de los chavistas, porque se los dije por todo el cañón: “Los opositores en el exilio son seres tan sublimes, tan elevados, tan preparados y geniales que realmente resulta un misterio el que hayan nacido en Venezuela. Qué podría ser Venezuela para estos seres tan elevados sino pura boñiga de burro!”. Don Jaime Bayley tuvo a bien responderme: “El error fue que nosotros siendo como lo que somos no hayamos nacido en este tierra de la libertad y del progreso. Un error satánico del destino, del todo inexplicable, y… punto”.

Sintítulo

Apenas llegué de rgreso al aeropuerto de Maiquetía, al fin pude comprender lo que me llevó muchos años asimilar, casi tres lustros sobre este conflicto interno. Qué difícil ha sido entender la apabullante genialidad en la que se escuecen nuestros meritócratas! Cuántos años tratando de encontrar explicaciones entre los sabios de por qué el mundo ha tardado tanto en reconocerlo. No es que a muchos les ofenda sentirse mulatos, negros o indios y por eso emigren, o que se sientan por ello en la necesidad de declararse perseguidos políticos para tratar desesperadamente de “mejorar la raza”. No. Nada de eso, señores… mucha más profunda la vaina todavía.

Me dijo Bayley: “para medio salvarnos lo que odiamos esa mierda llamada América Latina tenemos que procurar destruir todo lo nuestro más allá de nuestras propias raíces, algo que pareciera muy difícil pero no imposible”. Y en dónde radica nuestra mayor maldición?, le pregunté, y fue tajante: “…en la inutilidad de los pobres, de los negros y de los indios. No resultan prácticos para nada, ni para lavar pocetas”.

Y en dónde radica nuestra mayor maldición?, le pregunté, y fue tajante: “…en la inutilidad de los pobres, de los negros y de los indios. No resultan prácticos para nada, ni para lavar pocetas”. El señor Bayley me dijo: “-Todavía tu gente no ha entendido que cuando vean un poco de luz en el túnel ésta jamás provendrá de ellos mismo sino de la proyección del progreso de sus hermanos colombianos, ayudados por Marco Rubio…”. Y añadió: “¿Cómo es posible que incluso todavía puedan existir genuflexos al castro-comunismo que se quejen de los cortes eléctricos y de la tala de miles de árboles, cuando formó parte de los esfuerzos que con ayuda de Robert Alonso se hizo desde Miami para librarlos del chavismo?”

“-Hasta hubo pendejos – me dijo el señor Bayley- que les pareció incluso horrible el que nuestros estudiantes llegaran a quemar 18 universidades. ¿Tú puedes creer esa estupidez, hermano?”. “-Hasta hubo pendejos – me dijo el señor Bayley- que les pareció incluso horrible el que nuestros estudiantes llegaran a quemar 18 universidades. ¿Tú puedes creer esa estupidez, hermano?”. Luego entendí muchas cosas más… de los compatriotas de la clase media que se quejan contra la inflación y el desabastecimiento pero que al mismo tiempo apoyan a los acaparadores, a los bachaqueros y el contrabando hacia Colombia, y que si un funcionario de la SUNDEE va a fiscalizar un comercio se indignan y tratan hasta de matarlo, porque palmo a palmo me lo explicó con lujo de detalles el precursor Jaime Bayley.

Entendí, además, por qué cada vez menos se quejan los opositores de que en las ciudades se tenga menos calidad en los servicios públicos…, todo porque producto de las guarimbas, se montaron barricadas con las que se esparcieron miles de toneladas de basura por las calles, y sus ejecutores ahora optaron por la robadera de cables que han dañado tan gravemente las comunicaciones en Venezuela. Ya los opositores cuando hay caos y horribles traumas en los servicios públicos y en la propia economía ni se quejan. Callan solemnemente. Forma parte de una sutil y penetrante estrategia. Entendí luego, por qué se quemaron estaciones del metro, ambulancias y carros de bomberos; por que destruyeron estaciones del trolebús en Mérida, centenares de oficinas públicas y carros oficiales en todo el país; por qué incendiaron preescolares, abastos y supermercados, bancos, CDI’s; impidieron el acceso al Seguro Social a los enfermos con cáncer; mataron unos quince Guardias Nacionales Bolivarianos y dejaron paralíticos para siempre a ciento de policías y guardias nacionales; asesinaron a inocentes parroquianos que intentaban despejar las vías; impidieron que se diera clases en las universidades, liceos y colegios durante cuatro meses; por qué derribaron centenares de semáforos. Por qué provocaron pérdidas al país por más de veinte mil millones de dólares, y entonces gritaban todos los días “¡PERO TENEMOS PATRIA!” La “patria” a la que ellos quisieran regresar, la del dulce caos que les encanta, como Colombia, México, Panamá o Guatemala, y que don Jaime Bayley ama con fruición y ardiente locura.

Bayley aseveró que el peor error que puede cometer un pueblo en América Latina es buscar una salida sin el concurso de Estados Unidos. Que América Latina no puede tener un rumbo sin la fuerza del Norte. Que eso de tener dignidad y plantárseles a los extranjeros es pura demagogia. Que los pueblos que se quedaron en aparato y no pudieron arrancar cuando debían no les queda otra opción que amar la esclavitud y la servidumbre.

Comprendí de este viaje a la estratosfera del paraíso más eximio de las pesadillas, toda esa inmensa y pavorosa debilidad, que incluso durante estos últimos veinte años ha estado a punto de destruirnos, de inocularnos su podrido y mil veces reiterado envilecimiento, ese que ha sido el cáncer que devoró en guerras interminables a la Venezuela del siglo XIX y XX…, esa llaga lacerante en nuestras almas que debemos extinguir para siempre, y que en eso estamos, hermanos,… qué larga, muy larga batalla será esta…. ¡Cuánto ha costado, cuánto cuesta!


¹ José Sant Roz. Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). Autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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