Una aproximación a la política meme. Ideología y politización en las redes.

Por Mario Guillamó¹.

Siempre han existido memes, desde las tallas de los muros de la antigua Roma pero, en el universo de las mil pantallas, el individuo y su soledad tienen una dependencia forzosa a expresarse, y fruto del pensamiento en imágenes, encontramos el meme. Pero qué entendemos por meme y qué interpretaciones existen sobre su uso.

¿Qué son los memes? Comunicación y medios de comunicación

Los memes, según Richard Dawkins, los memes son unidades mínimas de información cultural transferidas entre individuos y/o generaciones, mediante procesos de replicación o transmisión. Pero las nuevas tecnologías y las redes han transformado el mundo de la información de masas y la comunicación social introduciendo expresiones diferentes entre ellos que confrontan con las arquetípicas formas de información mediática, es decir, la de los medios de comunicación tradicionales. En esa senda, podemos entender que las nuevas tecnologías podrían actuar como contrapoder al monopolio informativo. Y es que la actualidad comprende una guerra permanente de los medios de comunicación por sobrevivir o reconvertirse al formato digital para competir en un mundo 2.0 donde predomina el titular, la imagen y lo instantáneo. Tal y como afirma Pascual Serrano, existe un rechazo hacia lo escrito y se le ha colocado un altar a lo visual. Al igual, esta convergencia entre los titulares de prensa y la expresión de los memes genera una guerra de sucesos y una toxicidad informativa que invisiviliza los grandes acontecimientos bajo una montaña de elementos mediáticos.

Y ese carácter visual también los hace materiales de consumo instantáneo y asentados en el presente inmediato, lo que los hace virales en un mundo globalizado. Y es que el lenguaje visual conforma parte de la cultura de la imagen como mecanismos efectivos de persuasión colectiva (Roiz, 2002). Los memes que tienen la intención de divertir se propagan con facilidad entre lo que se consideran espectadores distraídos o alienados que consumen la imagen y normalizan el contenido y el lenguaje a veces político que subyace en ellos. Shifman entiende que el humor abre la puerta a cuestiones de mayor calado, el humor como una herramienta de accesibilidad. Sin embargo, Bustos Gorozpe señala que internet también es un campo de batalla político, y el meme una de las mejores herramientas para reclutar a la ciudadanía.

Lo que sí está claro es que nos encontramos ante acciones colectivas de apariencia simple que esconden una realidad más compleja.

Los memes y la insatisfacción política

Los memes también pueden ser vistos como un síntoma de hartazgo ciudadano y es, a través de dichas prácticas creativas, mediante las cuáles los usuarios de las redes sociales digitales buscan generar un estado de opinión. De entre la política y lo político, es decir, entre el malestar de la sociedad y los asuntos de la política es donde nacen los memes (Rowan, 2018). Al igual que hablábamos anteriormente del contenido ideológico y el lenguaje político que pueden albergar los memes humorísticos, también podemos observar una especie de “ARTivismo” digital para el “ACTivismo social”. Es decir, entender el meme de una expresión a un panfleto propagandístico pero no solo partidista, también los vemos en las agencias, compañías y empresas multinacionales que canalizan la publicidad a través de estos contenidos. Una forma de expresión que a través de lo visual y digital comprende el mensaje subliminar del humor. Si los memes son capaces de concentrar esa carga política en la forma y el lenguaje visual, podríamos hablar del poder que tienen y algunos autores señalan al concepto de “memecracia”. Sin embargo, otras voces críticas, como Francisco Sierra, plantean que en el espacio de la “compolítica” existe una disfunción narcotizante a la hora de entender el “clic-activismo” como una forma de información o participación, ya sea política o no.

Sin embargo, este poder está en manos de todos los públicos, aunque los actores mejor situados en la pirámide social puedan usarlo con mayor éxito. En la situación actual que comprende desde la crisis económica de 2008, hemos observado como las redes sociales eran verdaderos hervideros de insatisfacción política y aún asi, aunque estos espacios digitales ardiesen, las manifestaciones en las calles no fueron capaces de desbordar el sistema político. Hay autores que tachan de simplificado, online e incapaz el debate que se produce en estos espacios, sin embargo, otros como Abad (2013) entienden que, hasta hace muy poco, las revoluciones levantaban a la población con las palabras y hoy los movimientos sociales despiertan, también, con imágenes. Incluso con una sola fotografía.

En este sentido podríamos citar el caso de Guatemala en 2015 donde, según Andrés Gutiérrez, el contenido de los memes motivaban la conciencia política, el movimiento y la participación sin el uso de la sátira ni el humor negro, es decir, el meme se había convertido en un instrumento cargado de seriedad. Otro caso que puede alumbrarnos luz sobre el poder de las redes y las expresiones que se difunden en ellas es la que tuvo lugar en 2011 en Egipto, cuando el régimen de Mubarak bloqueó el acceso a internet en todo el país puesto que los manifestantes estaban usando redes sociales para coordinarse y organizarse. Esto mismo ocurrió en Nepal en 2005 y Libia en 2011, por motivos distintos. Y eso atiende a los aportes de Mena (2009) acerca de que la tecnopolítica se fundamenta en la comprensión masiva, intuitiva y profunda de la capacidad de organizarse en red sin instituciones ni intermediarios más allá de la tecnología; de organizarse sin organización. Como parece que ocurrió en las masivas manifestaciones del 8 de marzo de 2018 en España.

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Redes sociales, democracia y poder

Si ahondamos más en el tema, podemos entender que la memecracia supone otorgarle un poder o un espacio de poder a las redes y los actores que interactúan en ellas. Castells (2009) va más allá a la hora de señalar que las redes sociales están reconfigurando las relaciones de poder y el peso de la ciudadanía en ellas. Este poder puede a la vez difuminarse debido a la globalización que nos interconecta con todos los puntos del planeta o generarse por los lazos que se generan entre actores con propósitos comunes y capaz de organizar acciones coordinadas a nivel global, tal y como afirman Khagram, Riker y Sikkink (2002), véase el activismo feminista que, a través del universo online, es capaz de teñir de morado la esfera pública. Y es que los conflictos que se tratan en las redes, dado el carácter de las mismas y la globalización, hace que los conflictos se viralicen y nos enfrentemos a problemas sin pasaporte.

En concreto, España es uno de los países europeos que más acciones de protesta realiza en redes sociales, casi un 50% y los debates políticos en foros online ha aumentado en 5 puntos. La realidad es que 8 de cada 10 españoles tienen alguna actividad de participación política digital y el 60% de la población interactúa en redes sociales.

Anteriormente hablábamos de la diferencia que existe entre entender los memes y las acciones en las redes como información o participación política. Ya sabemos que pueden servir para organizarse y coordinar acciones pero Jodi Dean (2005) nos introduce en la contradicción sobrevenida del “fetichismo tecnológico” y la ilusión de acción y participación que genera. Como ella, muchos autores acusan que las redes y su contenido relacionan, interactúan y conectan a los usuarios pero no proporcionan nada más allá que eso. Salvo el poder, todo es ilusión.

Si acaso, podemos hablar de la construcción de identidades colectivas que, debido a la interconexión global, son capaces de reconocerse y actuar en consecuencia. Estaríamos entonces en el campo del empoderamiento a través de la información y la comunicación, a veces política y crítica y en otras ocasiones no.

Ryan M. Milner (2013) entiende que mediante el acceso libre a estas redes y la libre difusión de contenidos, la democracia sale beneficiada. Esta perspectiva confronta con la de Stryker (2011) que entiende que en las redes sociales subyace el discurso de la homogeneidad social en la que la élite política es tan incapaz en su desempeño como se ven a sí mismas las propias masas, usuarios de las redes. De esta forma, el empoderamiento de las identidades colectivas que se generan en la red se da a escala global pero a niveles insignificantes. Los estudios que se han realizado acerca de los memes y las redes sociales, como los de Martínez y Piñeiro (2017) aportan la conclusión de que los contenidos más difundidos priman la creatividad del mensaje en detrimento de su politización. Es decir, prevalece la clave humorística frente a la politización, lo que influye en su viralidad pero no en su importancia social.

Estos espacios y prácticas comunicativas también afectan al sistema político e influye en sus trasformaciones, véase como en las democracias de audiencia, donde prima el candidato frente a otros elementos, los memes son usados por todos los actores políticos y van dirigidos a individuos concretos. Es decir, puede haber una separación física total entre la sociedad y el gobierno pero coexistir una unidad ideológica en sí misma sellada por burla.

De este modo, estamos ante un modelo de hacer política en el que las figuras políticas adoptan también el meme a la hora de construir su discurso, es decir, un formato simplificado, fácil de entender y que desincentiva el debate político o la argumentación. La complejidad de la política, que negaba la participación política de la sociedad, ha sido solventada por la vulgarización de la política, todo ello mediante la comedia, en minúsculas, del juego político. En ocasiones, la comunicación política entiende que ser visto es más rentable electoralmente que ser escuchado, es decir, hacerse la foto que participar en el discurso.

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Conclusiones.

Después de tener en cuenta todos los debates que se han planteado anteriormente, podemos hablar de nuevas formas de entretenimiento y nuevos formatos de comunicación y politización. Estas formas comprenden más unidireccionalidad respecto a un número incontable de emisores y receptores que se encuentran interconectados bajo la bandera de la inmediatez comunicativa.

En estos espacios se está generando opinión pública o lo que Habermas denomina mercado de las ideas, donde los usuarios pueden acceder a informaciones diversas y alternativas para formar una opinión propia y crítica y, posteriormente, participar políticamente en base a ellas. Es decir, politización y participación. Pero ¿se puede testar o sondear la opinión pública en estos espacios de la red? Aun existiendo infinidad de perfiles y modelos tipo, también existen cantidad de redes y formatos diferentes, por lo que parece que no se podría sacar una muestra veraz de la sociedad en estas plazas virtuales. Quizás son ágoras de reflexión limitada, tanto por los usuarios como por el contenido de las mismas.

En ellas se pueden analizar las reacciones colectivas a distintos hechos y tratar de entender por qué unas acciones reciben tanto eco mediático teniendo poco interés social o viceversa. Ahí es donde puede residir el poder de las redes, en tener la capacidad de colocar colectiva e interesadamente algunos hechos y problemas en la agenda mediática y política, el accountability de Hanna Pitkin. Como si de una mente colmena (intelligence swarm) se tratase. En ese caso, estaríamos ante una especia de lobby o grupo de presión atendiendo a que las distintas redes y perfiles de usuarios que existen en cada una de ella son heterogéneos y limitados, véase que Twitter condensa más información política que Facebook, ya sea por decisión de los usuarios o de los actores políticos tradicionales.

Aun así, los usuarios individuales no son los únicos que interactúan en la red, ya que la comparten con infinidad de actores públicos y privados, entre ellos los medios de comunicación. Éstos, adaptados a su versión digital o 2.0, no parecen haber perdido la hegemonía de la información frente a otros actores virtuales, dadas sus posiciones, visibilidad de marcas o legitimidad tradicional con el público. Pero las nuevas generaciones y el público joven, socializado y politizado en la red, tiene preferencias notables por ser emisor y receptor en la misma y aquí encontramos la siguiente cuestión: ¿se le puede otorgar la misma veracidad a los emisores virtuales que a los medios de comunicación? Y en quién recae la responsabilidad de contrastar la información ¿en el emisor o en el receptor?

Estas preguntas nos llevan a contemplar las amenazas de las fake news, lo importante de la relación entre lo espectacular y lo viral, los bots o usuarios fantasmas y las campañas de difamación o publicidad encubiertas. Aunque todo ello no parece poner en jaque al sistema político, dado lo limitado de las redes, usuarios y las características propias de los contenidos, como la inmediatez. Y sí afectan a las individualidades mediatizadas como los líderes políticos y a los simples usuarios de la red. De ahí que algunos países como México o Estados Unidos hayan intentado poner límites o proteger el contenido y a los usuarios de las redes actuando así contra uno de los argumentos de la democratización de estos espacios virtuales, la inexistencia de límites, el acceso libre y la libertad de expresión.

La última y quizá la más peligrosa amenaza que existe, dado el carácter profundo y desconocido aun por todos los usuarios de la red, son las cookies y los datos, el negocio oculto basado en la captación de información, opinión y perfiles para las instituciones y empresas privadas que usan esos datos personales y colectivos para su interés. Una llamada de atención que ya tuvo su eco tras las elecciones presidenciales de Estados Unidos en las que ganó Donald Trump, es decir, un reto más al que nos enfrentamos en la globalización.


¹ Mario Guillamó. Ciencias Políticas y de la Administración (Universidad Pablo de Olavide) y Director de la Gaceta de los Miserables.

director

Bibliografía:

  • Los memes en el activismo feminista en la Red. #ViajoSola como ejemplo de movilización transnacional. Teresa Piñeiro-Otero y Xabier Martínez-Rolan. (2016).
  • El uso de los memes en la conversación política 2.0. Una aproximación a una movilización efímera. Teresa Piñeiro-Otero y Xabier Martínez-Rolan. Prisma Social, núm. 18, junio-noviembre, (2017)
  • Los memes en el discurso de los partidos políticos en Twitter: análisis del Debate sobre el Estado de la Nación de 2015. Teresa Piñeiro-Otero y Xabier Martínez-Rolan. (2015)
  • Memes, jóvenes y política. “Ya nada será lo mismo. Los efectos del cambio tecnológico en la política, los partidos y el activismo juvenil”. Jaron Rowan. (2016)
  • Memes y política rara. Jaron Rowan.  Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). (2016)
  •  Los movimientos sociales 1768-2008: Desde sus orígenes a Facebook. Charles Tilly. (2009). Editorial Crítica, Barcelona.
  • Pensando el movimiento social en Guatemala a través de las
    redes sociales. De memes y otras breves reflexiones. Andrés Gutiérrez. Acción Colectiva Argentina.
  • Redes de indignación y esperanza. Manuel Castells. (2012). Alianza Editorial, Madrid.
  • Ya nada será lo mismo. Los efectos del cambio tecnológico en los partidos, la política y el activismo juvenil. Joan Subirats. Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. (2015)
  • Cultura y vida cotidiana. Ontología del meme. Fernando Bustos Gorozpe. Nexos (2018).
  • Las imágenes macro y los memes de internet: posibilidades de estudio desde las teorías de la comunicación. Dassaev García Huerta. Paakat: Revista de Tecnología y Sociedad, núm. 6, marzo-agosto, (2014)

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