La posición del PCE ante la guerra y la revolución de 1936.

Por Fernando Jiménez Herrera¹.

El 18 de julio se produjo un golpe de estado que provocó una serie de consecuencias inesperadas para sus contemporáneos, la principal, una guerra civil. En las zonas que permanecieron fieles al Gobierno de la Segunda República se vieron sorprendidos a su vez por la pérdida de iniciativa del Estado frente a las organizaciones obreras, quienes se hicieron con el poder efectivo en las calles. Este poder efectivo reforzó las posiciones de los órganos obreros frente al Gobierno e iniciaron un proceso revolucionario, arrebatándole el monopolio de diversas funciones a la administración pública, el caso más evidente, el ejercicio de la justicia. El Partido Comunista Español (PCE) se vio sobrecogido por semejante consecuencia, al igual que el resto de fuerzas obreras que permanecieron en el campo republicano. Lo que se consideró un enfrentamiento que se resolvería en cuestión de semanas, a lo sumo meses, se alargó en el tiempo hasta los tres años. La estrategia a seguir por el PCE para combatir el golpe de estado a sus partidarios y su asentamiento varió en el tiempo y en el espacio. Tras la sublevación, la respuesta que se organizó fue muy similar a la del resto de fuerzas trabajadoras, promover la revolución desde abajo. Para ello, desde los Radios (principales órganos de dirección del partido a nivel local-municipal) se animó a los trabajadores a tomar la iniciativa y frenar la extensión del golpe de estado. Un ejemplo, lo encontramos en Madrid, donde miembros del Radio del Puente de Vallecas junto a obreros y funcionarios de otras corrientes ideológicas formaron una columna que se dirigió hacia el cercano cuartel de Artillería de Vicálvaro para asaltarlo. De esta forma se pretendía frenar la sublevación en la capital y conseguir armas para combatirla. No obstante, en los primeros compases de la guerra, esta respuesta dada “desde abajo” por las fuerzas obreras, en general, y por el PCE, en particular, no fue unitaria ni unánime. Los Radios contaron con mayor autonomía que antes del golpe como consecuencia del rápido suceder de los acontecimientos en las jornadas continuas al golpe de estado y la incertidumbre generada por el mismo. Aunque, la disciplina de partido pronto puso fin a esta autonomía de acción de la base respecto a la directiva.

El PCE no fue un partido muy numeroso, en cuanto a filiación se refiere, antes del inicio de la guerra civil. Esta situación cambió radicalmente durante la guerra civil, sobre todo, con la llegada a la retaguardia republicana del armamento soviético y las Brigadas Internacionales en la segunda quincena de septiembre de 1936. De los poco más de 46.200 afiliados en marzo de ese mismo año, la cifra de militantes en el PCE se incrementó solo en nueve meses en más de 142.000. En este incremento hay que tener en cuenta que casi la mitad del territorio nacional de la época estaba en manos de los sublevados. Además de la visibilidad que le otorgó al PCE la ayuda soviética, este incremento también se debió a la estrategia seguida por el partido en la España republicana. Desde la cúpula directiva nunca se perdió de vista la importancia de la movilización social durante el conflicto, que potenciaron los Radios y sus células. A esta actividad se unió la estrategia del partido de introducirse en la administración, y desde la misma promover actividades sociales, económicas, políticas y bélicas que le hicieran ganar el apoyo de la ciudadanía. Ambas esferas se favorecieron mutuamente, al ser los apoyos en las calles una muestra de fuerza de cara al Gobierno y al resto de partidos y sindicatos que luchaban con la República. De esta forma, obtenían más poder en la administración lo que les daba mayor visibilidad de cara a la sociedad.

 

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Enrique Líster y el Quinto Regimiento en Toledo.

 

Centrándonos de forma pormenorizada en estas dos esferas de actuación, conviene destacar, dentro de la movilización social y la actuación impulsada a nivel micro por los Radios, instrumentos básicos de la organización del PCE. Estos centros, en el caso de la ciudad de Madrid, buscaron adaptarse a la nueva situación trasladando sus sedes a espacios más amplios a través de la incautación de edificios, principalmente de carácter religioso, aunque no solo. Volviendo al caso vallecano, nos encontramos que se trasladó desde la Avenida de la República número 43 al número 66, en el antiguo colegio/convento Ave María. Esta nueva sede se adaptaba mejor a las nuevas necesidades generadas por la sublevación en la capital. Según el testimonio de uno de los protagonistas de la incautación del edificio, Felipe Pulgar Luengo, a las mojas que residieron en este centro se las dio un “trato humano”, desconociendo cual fue su paradero. El PCE en este distrito madrileño centralizó su actividad a través de esta nueva sede. Desde allí, el Radio siguió con sus funciones políticas y sociales de preguerra, añadiendo nuevas funciones, como el ejercicio de la justicia revolucionaria. Una justicia que nada tenía que ver con la republicana, catalogada de “burguesa” por las fuerzas obreras, y, por tanto, contraria a sus intereses de clase. Además, se organizó un cuartel que formase a las milicias que acudían al frente de Somosierra. Sumado a este fenómeno de centralización de sus funciones, el PCE también se diferenció del resto de fuerzas obreras, anarquistas fundamentalmente, por sus llamadas al orden y a la disciplina. Una forma de posponer la revolución a favor de la guerra, para lo cual, se optó por el apoyo al Estado. En esta llamada a la disciplina y al orden en la retaguardia fue fundamental el control de las Radios para controlar el impulso revolucionario de las bases comunistas. Por lo tanto, las actividades revolucionarias independientes de las directrices del Partido pronto se vieron frenadas por el mismo.

Un factor a tener en cuenta es que la revolución fue corta en cuanto a tiempo se refiere. Solo durante los meses de verano y otoño de 1936 la actividad revolucionaria tuvo una gran presencia en las calles. Poco a poco, el devenir de los acontecimientos y las exigencias de una guerra total produjeron que la revolución se canalizase por cauces administrativos (por ejemplo, la nueva justicia republicana y los Tribunales Populares). En este proceso jugó un papel importante el PCE, aunque priorizó la victoria a este proceso revolucionario. Esta actitud, unida a la toma de mayores cuotas de poder dentro del Gobierno, llevó al PCE a ahondar en disputas previas a la guerra con otras formaciones políticas o sindicales, como fueron la CNT o el POUM. En los sucesos de Barcelona de 1937 o con el golpe de Casado en Madrid en 1939, el PCE se posicionó a favor del Gobierno y en contra de fuerzas revolucionarias como la anarquista CNT y el trotskista POUM. Mediando, en el caso de Barcelona, los asesores soviéticos, cuyo papel utilizó la propaganda franquista como forma de descrédito a la Segunda República.

Una de las consecuencias de la mayor presencia del PCE en las instituciones y de su creciente militancia fue que el aparato de propaganda sublevado focalizó su atención en su descrédito. Sumado a los calificativos con una gran carga peyorativa como fueron el de “rojo” o “cheka”, se atribuyó al partido una carga importante de responsabilidad frente a lo que había acontecido en la retaguardia republicana durante los tres años que duró la guerra. Esa sombra se vio alargada por el franquismo durante sus cuarenta años de existencia, extendiéndose de forma indiscriminada a todo lo que significó la Segunda República. Homogeneización que fue rechazada por la gran diversidad de miembros que compusieron la retaguardia republicana y que demuestran las investigaciones que se están llevando a cabo desde la transición. Aunque, aún queda mucho por hacer e investigar sobre la guerra civil española y sobre el papel del PCE en la misma.


¹ Fernando Jiménez Herrera. Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid.

Referencias:

Archivo General e Histórico de Defensa:
Fondo: Madrid, Sumario 842, legajo 7386
Fondo: Madrid, Sumario 6269, Caja 2612, número 10.
Archivo Histórico del PCE:
Sección: Textos, Manuscritos y Memorias, signatura: 35/3.
Sección: Textos, Manuscritos y Memorias, signatura: 54/3.
Documentos PCE, Carpeta 17.

Víctor ALBA: “De los Tribunales Populares al Tribunal Especial” en Archivo Histórico Nacional. Sección guerra Civil: Justicia en Guerra. Jornadas sobre la administración de justicia durante la guerra civil española: instituciones y fuentes documentales. Madrid, Ministerio de Cultura, 1990.
Julio Aróstegui: Por qué el 18 de julio… y después. Barcelona, Flor del Viento, 2006.
Javier CERVERA GIL: Contra el enemigo de la República desde la ley. Detener, juzgar y encarcelar en guerra. Madrid, biblioteca nueva, 2015.
Fernando HERNÁNDEZ SÁNCHEZ: Guerra o Revolución. El Partido Comunista de España en la guerra civil. Barcelona, Crítica, 2010.
José Luis LEDESMA VERA: “Tercera parte. Una retaguardia al rojo. Las violencias en la zona republicana” en Francisco ESPINOSA MAESTRE, Violencia Roja y Azul. España 1936-1950. Crítica, Barcelona, 2010.

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