La mujer jornalera andaluza como referente histórico.

Por Virginia Piña (Mujeres Andaluzas que hacen la Revolución)¹.

La mujer andaluza no existe para la historia. Para ninguna. Si rastreamos las vidas de aquellas que nos han precedido en nuestra Andalucía, veremos que son pocos los nombres propios a través de los cuales podemos crear una historia colectiva. De salto en salto, tenemos ciertas experiencias que a veces resurgen de las épocas olvidadas del imaginario andaluz. Y aunque podemos encontrar con facilidad poetas cristianas y castellanas, como Santa Teresa de Jesús, poco sabemos de la princesa omeya Wallada, aunque esta última fuese de Córdoba. Lo mismo ocurre con el gran hito femenino de la historia castellana, la gran diosa madre de la “Reconquista” y el “Descubrimiento” de las Américas, Isabel de Castilla, de quien se han escrito una cantidad increíble de novelas, bibliografías, películas y series. No podemos decir lo mismo de su contemporánea y antagonista, Aixa de Granada, la reina madre del desdichado Boabdil, quien le dio el trono y quien luchó para que lo conservara, quien capitaneo la resistencia granadina y se enfrentó a varios enemigos tanto fuera como dentro de su palacio. Mientras Isabel de Castilla, a la que solo unió a Granada un asedio interminable, descansa en un cripta real en pleno corazón de la ciudad, la “mora” Aixa, la que se conocía cada resquicio de la cuidad y de su Alhmabra, la que recorrió el Darro mil veces, la que pasó por sus puertas siendo la Honesta, solo será recordada por una frase, siendo enterrada en algún lugar de la ciudad marroquí de Fez.

El pueblo andaluz tiene una deuda con su memoria histórica, que no se saldará mientras Moraima, la última reina nazarí esté enterrada en algún punto de las Alpujarras. Porque es así como se coloniza y se derrota a un pueblo: arrebatándole su memoria, se le arrebata su identidad. Y así, es más sencillo otorgarle otra falsamente construida, otra que nada tuvo que ver con procesos históricos de soberanía, con la dignidad que se levantó en la rebelión de las Alpujarras contra la Inquisición, la que luchó contra el absolutismo desembarcando en Cádiz o la que creó el mayor número de cantones durante la rebelión cantonal.

Si además de nacer en Andalucía, eres mujer, entonces la invisibilización histórica se produce con nocturnidad y alevosía. La mujer andaluza desaparece de todas las cuestiones históricas, ya sea por andalusí, por pobre, por racializada o por jornalera. Tenemos que devolver la memoria histórica a la mujer andaluza. Como forma de resistencia, como modelo de empoderamiento y soberanía. Coger nuestros modelos, a las que fueron como nosotras, y aprender de sus caminos, de sus experiencias y conocimientos. Mirar a las mujeres andaluzas con orgullo, porque ellas marcaron una línea que contradice a estereotipos y tópicos crueles que debilitan nuestra conciencia como pueblo y merman la identidad soberana.

Pero si hay un colectivo dentro de la mujer andaluza que ha sido especialmente olvidado, y también ignorado, son las mujeres del campo, las jornaleras y campesinas. Partiendo de la base que el conocimiento científico es producido en universidades, donde el modelo hegemónico es blanco, burgués y europeizante, mirar para adentro, para nuestros propios conocimientos y vidas rurales, tiene que venir precedido por una revisión de la propia mirada investigadora, una revisión de los prejuicios y actitudes que, inmersos en nuestros pensamientos, también condicionan lo que hacemos. Si la perspectiva de género es importante para poder visibilizar la cuestión de la mujer, una perspectiva de clase, nos dejará adentrarnos en estas formas de vida subversivas que se producen dentro de la clase obrera andaluza.

29572327_575843449440477_433531956937397657_n

El trabajo en el campo, el mundo rural, ha sido predominante en una tierra como Andalucía, donde su principal riqueza y fuente de vida nace de la agricultura y la ganadería. La mujer, como principal trabajadora del campo, se ha visto eliminada de los procesos históricos que han transformado el campo andaluz. Poco o nada se cuenta de las luchas jornaleras y campesinas lideradas por mujeres, y la documentación, reducida, y muchas veces, inexistente.

En los últimos cuarenta años, los procesos sociales de emancipación de la mujer también se han producido en una misma escala en el mundo rural. Experiencias como la de las Cabras Montesas, las mujeres de Marinaleda o las distintas huelgas y luchas donde la participación de la mujer es considerable, se han ido sucediendo paulatinamente, aunque también silenciando. Por una parte, las Cabras Montesas, seis mujeres de Gilena en el año 79 se enfrentaron a toda su estructura de poder machista y patriarcal para poder acceder en igualdad de condiciones al empleo comunitario, son olvidadas en los hitos históricos del feminismo, incluso andaluz. Han hecho falta cuarenta años para recuperar la historia y la lucha de estas valientes, que sin más armas que sus manos trabajadoras, se presentaron ante los manijeros para poder recibir un sueldo por su trabajo. Día tras día, ante el no rotundo de quienes disponían, ellas se introducían en las cuadrillas y realizaban las mismas labores que sus compañeros, aun bajo la amenaza de no recibir un sueldo a cambio. Tras varios días de trabajo, le ofrecieron el pago de sus jornales echados y los que les quedaban para que cesasen la lucha y volvieran al hogar.

Ellas, gallardas, se negaron. No, no querían limosna, no querían dinero, querían tener el derecho legítimo a la igualdad de contratación, el derecho legítimo que, ante igual trabajo, igual sueldo. Finalmente, y tras varios actos de apoyo en los pueblos cercanos, consiguieron un hito histórico y una victoria que afectaría a todas las mujeres de Andalucía: El acceso en igualdad de condiciones al Empleo Comunitario.

Por otro lado, experiencias como las luchas de Marinaleda, nos dejan casos como las de sus mujeres, que, en palabras de Juan Manuel Sánchez Gordillo, participaron de forma activa, acudiendo a todas las asambleas y colaborando en las distintas acciones. Famosas fueron las huelgas de hambre, donde ellas, no solo las hacían, sino que, después, volvían a sus casas para hacerles la cena a los hijos, tal y como ellas mismas narran en el libro de Susana Falcón, “Lo Dieron Todo”.

Casos así, nos muestran que estas mujeres no solo se enfrentaban (y se enfrentan) al gigante capitalista y luchaban por la soberanía alimentaria, sino que también y al mismo nivel, luchaban contra un sistema machista y patriarcal que las relegaba al ámbito privado y doméstico. Nuestras Cabras Montesas, nuestras valientes de Marinaleda, igual que miles de mujeres jornaleras por toda Andalucía que han participado colectivamente en distintas luchas a lo largo de la historia, merecen ser recordadas, merecen ser nombradas, como heroínas de la clase obrera andaluza. Esa, que muchas veces, parece olvidarse que en la lucha, también estamos las mujeres.

Nombrémoslas, una y otra vez, hasta que sus luchas también formen parte de los referentes históricos que nos representan.

 


¹ Virginia Piña. Licenciada en Psicología y Estudiante de Máster en intervención con víctimas de violencia de género. Feminista, Sindicalista y Antifascista.

© El proyecto de Mujeres Andaluzas que hacen la Revolución nace desde la militancia, para conocer y reconocer a las mujeres de Andalucía como protagonistas y agentes activos de los cambios sociales y como referentes para la emancipación colectiva de la mujer andaluza y trabajadora actual.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s