En busca de nuestra genealogía. El movimiento feminista en España en los años setenta

Por Soraya Gahete Muñoz¹.

Introducción.

La Huelga Feminista del pasado 8 de marzo ha dejado claro que, por lo menos, en España, el movimiento feminista es un movimiento vivo y con gran apoyo. Cualquiera que acudiese ese día a las distintas manifestaciones que se convocaron pudo observar la gran diversidad de manifestantes que participaron, dejando claro que el feminismo es plural. No obstante, cabría preguntarse si todas las personas que se sienten representadas en el feminismo conocen su genealogía, sus raíces, sus bases teóricas o a sus principales representantes. Esto no es una pregunta baladí, ya que no es algo que suela enseñarse en los colegios, institutos e, incluso, en las universidades. El feminismo no es un movimiento que haya surgido en el siglo XXI, es un movimiento de raíces ilustradas. Es un movimiento con una historia propia y diversa.

Gerda Lerner, en su obra La creación del patriarcado dice que “la ignorancia de su misma historia de luchas y logros ha sido una de las principales formas de mantener a las mujeres subordinadas”. Nuestra historia ha sido ocultada durante muchos siglos con el fin de evitar que las mujeres conociesen que ya otras se habían rebelado contra el sistema patriarcal, que ya otras mujeres se habían cuestionado el sistema en el que vivían y del que formaban parte y habían intentado cambiarlo.

En España, como en otros países, tenemos numerosos ejemplos a lo largo de la historia de mujeres luchadoras que no se conformaron con el papel que la sociedad les imponía. No obstante, su historia no se ha conocido, por lo general, hasta la introducción de la historia de las mujeres. Gracias al tesón de distintas investigadoras conocemos ese pasado del que somos herederas y sobre el que hay que aprender para afrontar los problemas del presente.

El movimiento feminista en España.

El feminismo español tiene unos inicios que difieren considerablemente de los que tuvieron lugar en países como Gran Bretaña o EEUU. Tanto en el siglo XIX como en el XX, encontramos mujeres defensoras de los derechos de las mujeres. Sin embargo, no encontramos un movimiento tan articulado y con tantas mujeres comprometidas con la causa como ocurrió en estos países. El diferente desarrollo político, económico, social y cultural en los países explican las diferencias que nos podemos encontrar en los movimientos feministas.

En España, la segunda ola del movimiento feminista estuvo condicionada por la situación política que se desarrolló durante esos años. Por un lado, la dictadura de Francisco Franco, que convirtió a las mujeres durante cuarenta años en “eternas menores de edad”, tal y como señala la historiadora Ruiz Franco. Por otro lado, el proceso político que se abrió tras la muerte del dictador, que determinó la agenda del feminismo español.

Los casi cuarenta años de dictadura supusieron una merma considerable en los derechos que las mujeres habían adquirido durante la etapa anterior, la II República. Durante estos años (1931-1936), las mujeres empezaron a participar en mayor medida en la vida pública y su presencia en la vida política se fue afianzando. Tras la guerra civil, aunque también durante, el régimen franquista fue estableciendo e imponiendo una serie de modelos masculinos y femeninos con el fin de que ambos formasen una perfecta unidad desde la cual se articularía la sociedad5. El feminismo español se tuvo que enfrentar, tanto a una legislación que las consideraba como sujetos de segunda categoría como a un imaginario social que seguía concibiendo, en gran medida, a las mujeres como madres, esposas y amas de casa.

 

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Marina Ginesta. Guerrillera anarquista en la Guerra Civil española (1936-1939).

 

Un ejemplo de lo anteriormente mencionado lo encontramos en la lucha de las mujeres por la despenalización del adulterio. El artículo 449 del Código Penal, penalizaba la figura del adulterio solo para la mujer, ya que se consideraba adúltera a la “mujer casada que yace con varón que no sea su marido y el que yace con ella sabiendo que es casada (…)”. Por el contrario, el hombre solo sería considerado como adúltero en el caso de tener una “manceba” dentro de su casa o fuera de ella y que esto fuera considerado un escándalo público (art. 452). El movimiento feminista llevó a cabo numerosas campañas y movilizaciones para acabar con esta situación, algo que se consiguió el 26 de mayo de 1978.

El movimiento feminista de los años sesenta y setenta se centró especialmente en el tema de la sexualidad, entendida esta no como un aspecto de carácter privado, sino como un instrumento más que el sistema patriarcal utilizaba para someter a las mujeres7. En España, la sexualidad seguía siendo un tema tabú, además de la existencia de distintos artículos que condenaban ciertas prácticas como la divulgación y propaganda de métodos anticonceptivos, el aborto o ciertas actitudes que podían ser consideradas como escándalo público. En este sentido, el movimiento feminista se movilizó, por un lado, para conseguir la legalización de los métodos anticonceptivos, algo que se logró en octubre de 1978, la legalización del aborto, aprobada parcialmente en julio de 1985, así como la derogación de la Ley de peligrosidad y rehabilitación social que consideraba a los y las homosexuales como elementos peligrosos de la sociedad por lo que era necesaria su reeducación. Esta ley fue finalmente derogada en enero de 1979. Pero, también, por otro lado, algunas organizaciones feministas, influenciadas por las nuevas ideas que venían de otros países, analizaron el tema de la sexualidad y empezaron a cuestionarse aspectos como la penetración, pues era entendida como una práctica que no daba placer a la mujer sino al hombre, aparte de su función reproductiva. Estos grupos pusieron en práctica el Self-Help con el fin de superar el conocimiento que desde las instituciones sanitarias se daba sobre la salud y sexualidad femenina.

Otro de los temas en los que el movimiento feminista fue muy activo fue con la ley del divorcio, ya reconocido en 1932. No obstante, en este tema se produjeron una serie de disensiones, presentándose hasta tres proyectos de ley distintos por parte del movimiento feminista8. La principal diferencia residía en la necesidad de tener que presentar causas justas para solicitar el divorcio, en caso de no acuerdo entre los cónyuges, tal y como defendió la organización de Mujeres Separadas y distintos partidos políticos, o, por el contrario, la no necesidad de presentarlas. Esta ley se retrasó hasta julio de 1981 y estuvo muy condicionada también por la deriva política (disensiones en el seno de la UCD, el partido en el gobierno). Finalmente, se estableció la necesidad de presentar causas justas para solicitar el divorcio, aunque se aceptó la disolución matrimonial por mutuo consenso.

Por último, habría que mencionar la participación del movimiento feminista en el proceso constituyente a través de distintas manifestaciones y campañas, ya que la presencia de feministas en el Parlamento y en el Senado era exigua9. Desde un primer momento lucharon por que sus reivindicaciones fueron incorporadas en el texto constitucional, reivindicaciones como la legalización de los métodos anticonceptivos, el aborto, el divorcio, la igualdad entre los sexos, etc., pero también porque se estableciese en el texto constitucional medidas para paliar las desigualdades existentes entre los sexos. La mayor parte de sus reivindicaciones fueron obviadas, produciéndose una nueva división a la hora de posicionarse sobre su aprobación o no en el referéndum que tuvo lugar el 6 de diciembre de 1978.

Conclusiones.

España, como otros países, cuenta con una larga trayectoria de mujeres que organizadas en grandes o pequeños movimientos o incluso a título individual han luchado por ser reconocidas como sujetos dotados de razón y por su no discriminación. Es necesario que se conozca su historia para aprender de sus errores y sus aciertos, para crear una genealogía y un pasado con el que las mujeres podamos sentirnos identificadas.

El movimiento feminista tiene un pasado, una historia detrás que explica su momento presente. Si partimos de cero, la lucha será más larga, más costosa y con unos objetivos menos claros, pero si partimos de nuestra experiencia el camino será más fácil, no tan solitario y las metas estarán más definidas.

Recuperemos el pasado de las mujeres, que es también el pasado de la sociedad, y reivindiquemos esas experiencias que forman parte de nosotras y nosotros en tanto que sociedad.


¹ Soraya Gahete Muñoz. Doctora en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Tesis Doctoral de Feminismo.

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