España, amistades peligrosas

Por Mario Guillamó¹.

Las eventualidades históricas y políticas de España en el siglo XX han condicionado la posición internacional del país en la actualidad. El régimen de Franco, el amigo americano o el aliado árabe siguen marcando las relaciones internacionales de España. En este artículo analizaremos algunos de estos aspectos.

Washington y la Transición.

“Hoy, en Washington, ya no se habla de Transición” afirmó el embajador español en 1978 tras su reunión con el presidente Carter. La Transición española fue un episodio político muy importante a ojos del gobierno norteamericano que durante el régimen de Franco había visto al país peninsular como un enclave geoestratégico fundamental en el contexto de la Guerra Fría. Los acuerdos de Madrid, extendidos en la dictadura y reafirmados en la Transición política, reflejaron los intereses norteamericanos para con España: bases militares, estabilidad política y socio fiable en la órbita de la OTAN.

De todas las historias de la Historia la más triste sin duda es la de España porque termina mal. (Jaime Gil de Biedma)

En la actualidad, España cumple esos tres estándares que exigía Estados Unidos para acceder al reconocimiento internacional del régimen. Las bases militares han crecido con el tiempo, llegando a formar parte del escudo antimisiles, punto estratégico de Estados Unidos en las operaciones que realiza en el Mediterráneo y el Norte de África, además de usarse para tensar las relaciones con Rusia o Reino Unido. El sentimiento antiamericanista que generan estas bases y el aumento del coste en Defensa no han desalentado al gobierno para renovar y ampliar las concesiones militares, véase la inversión en armamento de 2018 en cien mil millones de euros. España mantiene sus compromisos militares con Estados Unidos, siendo su fase más crítica de apoyo en el gobierno de Aznar (1996-20004) y, por ausencia del mismo, en el gobierno de Zapatero (2004-2011). Actuaciones como la intervención en la Guerra de los Balcanes o la Guerra de Irak colocaron a España en el mapa internacional como socio ejemplar de los Estados Unidos y su imperialismo.

Estas posiciones que mantiene España, por elegir caminar junto a Estados Unidos, arrastran unas consecuencias de peso como el deterioro de relaciones con Rusia, América Latina y el azote más pronunciado del terrorismo yihadista. De la misma forma, caminar junto al amigo americano contrae otras amistades peligrosas, como Arabia Saudí, donde España focaliza la venta de armas y contratos internacionales. Con la llegada de Donald Trump a la Casablanca, las relaciones no cambian entre dominante y dominado, España sigue siendo socio fiable, tiene a Estados Unidos como principal suministrador de material militar, acude a las maniobras de tensión de la OTAN y asume los chantajes macroeconómicos que se imponen desde Washington vía aranceles a las exportaciones.

Los niños no caminan solos.

Desde la Transición política, España se ha ido integrando en los organismos internacionales como la Unión Europea, la OTAN o la ONU, pero sus relaciones bilaterales no se han extendido de la misma forma en comparación a sus socios y vecinos. Las medidas geopolíticas de estos organismos internacionales han situado a España en una situación incómoda, debido a las sanciones diplomáticas y económicas que se han acordado para terceros países como Rusia o Irán; y que España ha asumido sin más debate.

Si acudimos a los datos macroeconómicos y la estructura y modelo productivo español, las pérdidas arrojan datos alarmantes, como la pérdida del 43% de las exportaciones para con Rusia. Siendo España un país situado en el Mediterráneo y con un mercado turístico predominante, las relaciones con los países que exportan turistas se hacen fundamentales, pero éstas se ven quebradas por los intereses europeos. España no camina sola, a diferencia de otros países europeos como Italia o Portugal que marcan sus relaciones bilaterales al margen de la OTAN y la UE con Rusia, por ejemplo, manteniendo unas relaciones comerciales que alcanzan el 80%, en el caso de Italia, o programas marco en materia militar, véase Portugal.

Esto mismo ocurre entre España y América Latina que, más allá del pasado colonial que subyace en el imaginario de ambas estructuras, no crece una relación intencionada en material cultural, política o económica. Las Cumbres Iberoamericanas se quedan en papel mojado, las empresas españolas penden al vaivén político y los diplomáticos y embajadores no están seguros de que España les expulse en cualquier momento. España no camina sola en América Latina, entre otras cosas, porque enojaría al amigo americano, que considera ese espacio su zona de influencia. Si observamos el caso de Cuba, donde los empresarios españoles controlan la mayoría del sector hotelero de la isla; España posee la capacidad histórica de iniciar el deshielo de relaciones con el país caribeño, con casi el monopolio hotelero de la isla, pero más allá de los motivos ideológicos que encierra el gobierno español, esa acción enemistaría a los vecinos yanquis. Misma situación ocurre con Venezuela, donde el gobierno español mantiene abierta una guerra ideológica para influir en su política interna o, si nos alejamos del continente americano, Corea del Norte, país sancionado también por España.

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Borbones, petrodólares…

Por su posición geográfica y sus relaciones consolidadas con el tiempo, España mantiene amistad con muchas de las petromonarquías de Oriente Próximo como Arabia Saudí o Qatar, donde se encuentran los principales accionistas de las empresas españolas. Además de la financiación privada, España encuentra en estos países materias primas fundamentales para su supervivencia, como el gas qatarí y argelino o el petróleo saudí, libio y nigeriano.

Las relaciones entre España y los países de Oriente Próximo y la OPEP (exportadores de petróleo) comienzan por el carácter antisemita del régimen de Franco, al no reconocer el Estado de Israel, y el apoyo simbólico a la Organización por la Liberación de Palestina (OLP) por parte de los demócratas españoles. La figura del monarca español, Juan Carlos I, también ha jugado un papel importante en esas amistades peligrosas. En biografías no autorizadas, aparecen las peticiones de dinero del monarca español al sha de Persia para financiar una monarquía que se desmoronaba ante el auge demócrata y marxista en la Transición. Los macro créditos que las monarquías árabes han concedido a la monarquía española exceden los cien millones del rey Fahd, de Arabia Saudí. Por motivos como estos, las relaciones entre España y Oriente Próximo se han forzado por ambos actores, en las que el monarca español se había convertido en un títere de ceremonias para los empresarios y sus reuniones. Por otros derroteros se mueve la acusación por sobrecostes y mordidas que presuntamente inflaba la compra de petróleo, en la que el rey se vería muy lucrado. Claro que ningún tribunal español juzgaría tal cosa.

Luego el papel del monarca ha marcado y mucho el perfil de las amistades internacionales de España, muy ligadas a países no democráticos por comercio de recursos o cercanía fronteriza, véase Marruecos, donde la inmigración y el terrorismo impiden que España defienda internacionalmente los Derechos Humanos del Sáhara, los espacios comunes de pesca o la proliferación democrática del norte de África. Amistades peligrosas, el título de las relaciones internacionales de España que si bien, sin una posición marcada en política exterior, elige un espacio-bisagra de los organismos internacionales, el imperialismo yanqui y un socio comercial de las petromonarquías.


¹ Mario Guillamó. Director de Comunicación Política de La Gaceta de los Miserables.

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