La Política de los muertos: inmigración forzosa México-EEUU

Por Ariadna Estévez¹.

muro-trump

En la frontera México-Estados Unidos a los migrantes y poblaciones pobres no sólo se les
deja morir: son empujados a escenarios de los cuales deben escapar y sobrevivir. En los 10 estados que conforman la frontera –Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas del lado mexicano; y California, Arizona, Nuevo México y Texas en Estados Unidos- el necropoder expulsa a los migrantes y los pobres a espacios urbanos que son poco propicios para la vida. El fracking, los carteles de la droga, los feminicidios, las masacres y los asesinatos de autoridades locales, activistas de derechos humanos y ecologistas son las fuerzas necropolíticas detrás el desplazamiento de estas poblaciones marginadas. Más aun, los migrantes que se encuentran esperando que se resuelva su trámite de asilo, o las personas que han sido deportadas y están a la espera de otra oportunidad de cruzar al otro lado, son expulsadas a la periferia y otros espacios urbanos donde la vida es apenas posible, lugares tales como tiraderos de basura y coladeras. Asimismo, la violencia criminal, la impunidad y el estado de excepción expulsan a las poblaciones pobres fuera de sus hogares, los cuales se encuentran en geografías ricas en recursos naturales.

La pobreza, la violencia y otras formas precarias y mortales de vida de los migrantes y poblaciones marginadas a lo largo de la frontera México-EU conforman lo que se sugiere llamar la producción necropolítica de la migración forzada, o el conjunto de políticas y leyes ejecutadas para producir situaciones, momentos y espacios que fuerzan a las personas a dejar sus hogares.

Necropoder y migración forzada

Según el filósofo africano Achille Mbembe toda vez que la pobreza, la desigualdad, la violencia, las masacres, la privatización de la violencia (criminales, mercenarios, guardias privadas) y los mercados por bienes ilícitos que amenazan la vida son fenómenos tan prevalentes que lo que se regula y administra es abiertamente la muerte. En ese sentido en un mundo donde la economía de bienes ilegales incluye la vida humana amenazada o en pedazos, su conservación, cuidado y libertad también son una mercancía y su compra y venta, un mercado. En este escenario la intervención poblacional es para hacer morir a los grupos sociales marginales y dejar vivir a los favorecidos por el neoliberalismo –hombres blancos, ricos, de occidente; es una administración de la muerte.

En México la necropolítica tiene una particularidad: el Estado comparte sus tecnologías y técnicas de dominación y administración de la muerte con los sujetos de la violencia privatizada –en particular con los criminales- dando lugar a lo que se puede denominar la gubernamentalización necropolítica del Estado mexicano o el Estado legal/criminal. Las muestras públicas de violencia extrema con el objeto de intimidar, someter cuerpos a tortura, ejecuciones, desaparición forzada, persecución y muerte tienen el objetivo de hacer morir en enclaves territoriales de pobreza, corrupción, impunidad y escasa presencia institucional del Estado, donde el reto es sobrevivir.

Mbembe plantea que las tecnologías necropolíticas son aquellas técnicas de aplicación de muerte, como el campo de concentración en el nazismo o las masacres rutinarias como las que se han registrado en México. Son prácticas que no simplemente disciplinan los cuerpos, sino que los someten a una destrucción total. Sin embargo, la necropolítica opera también a través de tecnologías de regulación de tipo tecnócrata como la norma y las políticas públicas. Las necropolíticas públicas se ejecutan para administrar y regular los efectos adyacentes a la aplicación de muerte, como el sufrimiento social. En la frontera el necropoder ejecuta políticas y leyes que deliberadamente intentan conducir hacia la muerte a solicitantes de asilo y deportados así como despoblar espacios geográficamente estratégicos, produciendo más migrantes.

La producción y administración necropolítica de la migración forzada se refiere pues a cómo las personas que son sujetas a la violencia criminal y legal, a la muerte, el tráfico sexual y laboral, trabajo forzado, y a la economía criminal se les deja morir en sus países de origen o mientras tratan de cruzar las fronteras. Fronteras que se vuelven cada vez más infranqueables y peligrosas debido a la ilegalización de la migración indocumentada, los obstáculos al asilo y la deportación como política migratoria. Sugiere que hay aparatos, tecnologías y mecanismos usados para garantizar que la gente pobre, los marginados y los desechables mueran mientras tratan de migrar.

El necropoder se ejecuta a través de tecnologías de muerte: las necropolíticas. En el contexto de la producción y la administración de la migración forzada hay dos: 1) el despoblamiento forzado, el cual produce solicitantes de asilo, refugiados y los llamados migrantes indocumentados; y 2) los bolsones de desechabilidad, que son los sitios de muerte espacialmente definidos en los cuales los solicitantes de asilo y migrantes y deportados son confinados cuando el asilo como aparato de administración del sufrimiento falla en su contra.

Despoblamiento forzado

La violencia criminal en México, aun cuando es rampante, sólo es parten de un peligros cóctel que sirve para “limpiar” áreas donde las comunidades locales resisten la desposesión de sus recursos. Esto es el despoblamiento forzado. Los datos indican que en países ricos en recursos naturales la coincidencia entre desplazamiento forzado y violencias criminal, misógina y política no es casual. Esta combinación asesina refleja una política de desplazamiento forzado que tiene el fin de lograr la explotación de recursos libres de conflictos, pues estos recursos son cada vez más valorados en la economía global tales como las industrias de las nuevas tecnologías y de recursos renovables o energías limpias.
Para ejecutar esta estrategia una gran variedad de actores armados- incluyendo narcotraficantes y criminales pero también mercenarios, guardias de seguridad privada y sicarios- venden su expertise en el manejo de tecnologías de muerte a entidades poderosas tales como gobiernos represivos o corporaciones trasnacionales (o las dos) en lo que Mbembe ha denominado el Gobierno Privado Indirecto.

Esto es necropolítica –la política de muerte- que Bobby Banerjee define como necrocapitalismo, o las muertes propiciadas por el lucro económico. Para Banerjee, la necropolítica –que define como “las prácticas de acumulación en contextos (post)coloniales a manos de actores económicos específicos… que involucra desposesión, muerte, tortura, suicidio, esclavitud, destrucción de hábitats, y la administración general de la violencia”- es una nueva forma de imperialismo. A la expulsión forzada de campesinos le sigue el control de recursos naturales que alguna vez poseyeron”, y esto es lo que encontramos en la migración forzada que se da en México. ¿Por qué negociar con comunidades indígenas pobres que se encuentran en reservas ricas en petróleo, agua, minerales e hidrocarburos si pueden ser expulsadas de sus tierras ejecutando indirectamente la violencia a través de actores privados movidos por causas económico-criminales o misóginas?

Mientras que cada país latinoamericano que sufre altos niveles de homicidio también posee minerales y metales preciosos e hidrocarburos, para los propósitos del argumento del despoblamiento forzado la extracción de hidrocarburos a lo largo de la frontera sirve como ejemplo de cómo el desplazamiento forzado, la represión política, y la violencia criminal y misógina en territorios ricos en recursos coinciden espacialmente. Otros académicos ya han establecido esta conexión entre asesinatos, desapariciones forzadas, feminicidios y desplazamiento forzado por un lado y extracción de gas por el otro.

Bolsones de desechabilidad

A principios de febrero de 2017 se hizo una visité los albergues de migrantes en Tijuana para documentar esta crisis humanitaria, donde había el tipo de migrantes digamos esperado: mujeres mexicanas huyendo de los cárteles y de la violencia de género, así como guatemaltecos, hondureños y salvadoreños huyendo de la violencia de pandillas en su región. Sin embargo también había otro tipo de migrantes no esperados: haitianos que buscaron refugio en Brasil después del terremoto de 2010 en su país pero que también abandonaron Brasil por la crisis económica y política -la cual ha reducido dramáticamente las probabilidades de empleo y estos haitianos no son necesariamente los típicos migrantes “económicos”; muchos son ingenieros, médicos y arquitectos cuyas edades van de los 20 a los 30.

Estas personas viven en Tijuana en tiraderos a cielo abierto, coladeras y albergues improvisados. Muchos buscan trabajos manuales en el mercado negro, limpiando casas y oficinas, trabajando en maquilas o entregando pizzas por sueldos miserables. Toda esta situación en la frontera recuerda lo que Henry A. Giroux llama la “maquinaria de desechabilidad”: “Lo que ha emergido en esta nueva coyuntura es una intensificación de la práctica de desechabilidad en la que más individuos y grupos son considerados como un exceso, consigamos a zonas de abandono, vigilancia y encarcelamiento”.

La gente forzada a huir de desastres naturales y violencia inimaginable en sus países de origen se vuelven desechables; son desperdicios humanos en los tiraderos y drenajes en la puerta de entrada a una de las naciones más ricas. Estos son los bolsones de desechabilidad, o áreas de injusticia espacial en las que poblaciones vulnerables, especialmente las de migrantes, son forzadas a vivir en condiciones inhumanas y mercados laborales ilegales con una aprobación tácita del gobierno que debería, en teoría y bajo la legislación de derechos humanos, ser protector. Es una versión radicalizada y espacializada de lo que los sociólogos llaman “bolsones de pobreza”, es decir, los barrios en los que los extremadamente pobres tienden a ser confinados en guetos, incluso en la medida en que la prosperidad crece alrededor de ellos, y están surgiendo no sólo en Tijuana sino a lo largo de la frontera norte de México gracias a la represión de EEUU.


¹ Ariadna Estévez. Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones sobre América del Norte. Doctora en Derechos Humanos (Sussex University, Inglaterra).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s