La Zona Desmilitarizada de Corea: 4 Kilómetros de Cristal

Por Pablo Alías¹.

Korean DMZ

El Paralelo 38 que divide las dos Coreas desde 1953 a través de un tratado bilateral en el contexto de la Guerra Fría alcanza hoy cotas de conflictividad y protagonismo mediático no vistas desde los años ’80 y la desintegración de los bloques comunistas del Este. No obstante, y a pesar de su definición “desmilitarizada”, esta franja es más propia de un armisticio de parte de potencias que aún no han abandonado sus reivindicaciones territoriales ni nacionales, no siendo propiamente desmilitarizada y siendo administrada la parte meridional por Estados Unidos (representante internacional de las fuerzas militares de Corea del Sur) y el hemisferio septentrional por Corea del Norte.

Aún asumiendo la importancia de contextualizar históricamente el conflicto transfronterizo, considero aún de mayor relevancia actualizar las bases internacionales y hacer una puesta al día de las preguntas y los proyectos geopolíticos que se subsumen en unas divisiones y prejuicios políticos, para el común de los mortales, heredados del
contexto de la Guerra Fría; pero que esconden en la práctica una agenda política bastante presente. Por tanto se plantean a priori dos cuestionamientos radicales (de raíz): qué significa para el panorama mediático el mantenimiento de estereotipos y antagonismos de la centuria pasada (en otras palabras, ese revival comunismo-capitalismo que muchos de los grandes pensadores actuales niegan a pesar de las grandes audiencias); y de qué manera la verdadera agenda de acción política de los gobiernos terceros implicados, fundamentalmente Estados Unidos y la Federación Rusa está siendo aplicada en Corea del Norte como conflicto sectorial y no como main question, como se pretende desde la academia del realismo político norteamericano.

Características de partida del conflicto transfronterizo. 

Resumiendo, la Zona Desmilitarizada de Corea reviste dos aspectos que la convierten en un conflicto territorial quizá más alejado de lo que comúnmente entendemos como drama humanitario de frontera. El primero, que la importancia trágica (en términos
humanitaristas) del Paralelo 38 no está en los cuatro kilómetros de separación entre las dos Coreas, sino en las políticas exteriores de los dos países de la escisión; en este sentido Corea del Sur parece estar más integrada en la comunidad internacional que Corea del Norte (auspiciada quizás sería más correcto); Corea del Norte de hecho, en lo que al Paralelo 38 se refiere, no tiene relaciones con Corea del Sur, sino con Estados Unidos; negociaciones, de otra parte, que desde la década de los ’00 están siendo monitorizadas por el Kremlin. Las implicaciones de estas negociaciones nunca han sido fronterizas, sino transfronterizas. Dos estados, las dos Coreas, que están aparentemente capadas de sus facultades y forman parte de un programa donde la territorialidad está supeditada a un conflicto, volveremos sobre ello, pretendidamente ideológico entre dos metarrelatos que creíamos fallecidos.

El otro punto constituye, desde mi perspectiva, un metamorfosis conceptual. Las escuelas europeas dedicadas al estudio de fronteras tienen a adoptar un enfoque multiplicador de los problemas: la gravedad del conflicto es directamente proporcional a las víctimas mortales y el grado de desigualdad generado entre las dos partes. Sin embargo, la Zona Desmilitarizada de Corea no encierra problemas migratorios en exceso (Robinson, 2013) y no parte ni genera desigualdades socio-políticas en sí (los derechos civiles de ambos países no se ven directamente condicionados por la frontera, sino por los conflictos devenidos de las causas de la frontera). En otras palabras, es un conflicto esencialmente mediático y propagandístico cuya amenaza no es la multiplicación continua de bajas y represión (como en otros tantos conflictos fronterizos), sino la transformación cualitativa: la espera de un casus belli.

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Causas recientes del conflicto transfronterizo.

Las reivindicaciones territoriales de China y Japón sobre Corea aún revisten, contra todo pronóstico, mitología nacionalista propia de las invasiones del Shogunato Tokugawa, provocando la reacción anti-migratoria y nacionalista de Corea (sakoku). La administración Clinton previó el fin del aislacionismo de Guerra Fría con unas políticas migratorias hacia Corea del Norte (1998) a favor de un cambio de modelo productivo ya en el declive de las políticas exteriores herederas de las soviéticas. Kim Dae Jung, no obstante, vio cortadas sus expectativas en 2001, cuando la nueva administración Bush cortó de raíz la Sunshine Policy. Es entonces cuando Corea del Norte realiza sus acercamientos a su aliado histórico, Rusia, después de que Yeltsin en su momento suspendiera la ayuda militar a Corea del Norte y firmara un tratado con Corea del Sur sobre las bases de libertad, derechos humanos y, por encima de todas las cosas, economía liberal de mercado. Las distintas opciones de negociación de las cuatro partes estaban en una tensión no necesariamente ideológica.

Putin, en 2001, firmó el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación. Este tratado no incluye explícitamente la intervención militar pero sí el “contacto mutuo” en caso de crisis política. Crisis que parece llegar en los últimos tiempos con la revivificación de las amenazas nucleares en toda la prensa internacional. La Sunshine Policy estuvo activa hasta 2008, lo cual fue catalogado por Corea del Norte como una traición, por los intentos de EEUU de trasladar población civil surcoreana hacia el Norte.

A pesar de los escuadrones de la muerte en Surcorea financiados por la CIA, a pesar del Eje del Mal del G.W. Bush en 2002… el Paralelo 38 parece desclasificar todo acuerdo previo a partir de la crisis económica y geopolítica de 2008. El conflicto fronterizo, a mi parecer, se autodiluye en la cuestión coreana, en la gestión de las entidades estatales entre sí, y no en el conflicto territorial que la administración Trump sigue manteniendo vigente. Adam Johnson (Johnson, 2017) dice al respecto que la propaganda estadounidense “[… ] gives people the distinct impression the United States was just minding its own business and some random lunatic decided to provoke an otherwise benevolent and innocent Trump administration.” La cuestión es la siguiente: el Paralelo 38 ha entrado en nuevos foros de debate internacional, como el Movimiento de Países No Alineados, reunido por última vez en Margarita, Venezuela, en 2016 y donde las dos Coreas discutieron sobre los nuevos protocolos de intervención de fuerzas extranjeras, ayudados por la comunidad internacional presa de injerencias imperialistas.

“Hay que aprender a decir «no» a Estados Unidos.”2 Ese lema proviene, para sorpresa de la Casa Blanca, de una declaración del 4 de Mayo de 2017 de parte de Moon Jae-In, líder del Partido Democráta y favorito en las encuestas electorales en Corea del Sur con un 46%. Este nuevo frame político desbanca las aspiraciones de la Administración Trump de utilizar Seúl como trampolín o pasadizo hacia la confrontación bélica y el intervencionismo con Pyongyang. ¿Solución alternativa? De nuevo, el peligro nuclear.

Como el ya citado Johnson afirma, no es necesario simpatizar con un gobierno para comprender sus posturas. Es natural que ante la perspectiva norcoreana la situación de guerra, de asedio, no haya terminado. Esto no justifica el uso de balística nuclear como elemento disuasorio, ya que está explícitamente prohibido en las convenciones internacionales; pero siendo crudos, la política no es una cuestión de ética, sino de poder: de poder imponer biopolíticamente esa ética.

China tampoco está ya interesada en participar en un falso conflicto fronterizo. “If China is not going to solve North Korea, we will.” Muchos debates están centrados en cuáles son los objetivos de Corea del Norte frente a la potencia estadounidense. Lo que muy pocas reflexiones han concluido es por qué, con una China indiferente y una Corea del Sur entablando negociaciones de amistad con el Norte, Estados Unidos persiste en su papel de salvaguarda mundial de un espectro comunista pragmáticamente inhábil.

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Como conclusión: el Paralelo como invocación.

Vayamos terminando. El conflicto sobre la situación del Paralelo 38 y su Zona Desmilitarizada está desactivado. Nadie discute la territorialidad y las políticas de ambos países están centradas en cuestiones migratorias y de no agresión. Terceros países con intereses en la lucha antiimperialista comienzan a mediar en los conflictos. ¿Cuál es el interés, por tanto, de invocar la posición del Paralelo 38?

Nazanín Armanian, escritora y politóloga iraní, desglosa (Armanian, 2017) los impedimentos para el imperialismo existentes en Corea del Norte: Corea del Norte no tiene petróleo; lo que sí hay es una capacidad nuclear efectiva sobre Corea del Sur (es decir, la diplomacia prima); Trump no puede empezar una guerra relámpago, debido a la visibilidad global de sus políticas; EEUU financiará la guerra contra la RPDC sin esperar nada a cambio; otros países confrontados con EEUU tomarán nota de una posible agresión.

La frontera de Corea, digámoslo burdamente, es la frontera con China. La aparente imparcialidad de China sobre Corea del Norte (sólo ha condenado su política nuclear) se basa en que la RPDC es un “estado barrera” (Armanian, 2017) contra Corea del Sur, que sí tiene intereses creados por EEUU en territorio propio, además de un escudo antimisiles apuntando a Beijing.

EEUU, dicha sea la verdad, ha ofrecido en múltiples ocasiones un tratado comercial y de no agresión a Corea del Norte. Sin embargo, muchas son las administraciones devoradas desde dentro por tratados comerciales con la potencia imperialista, y para Corea del Norte supondría, además de una victoria de facto del curso capitalista de los acontecimientos, perder su posición de safety zone y verse obligada a tomar parte de la “cuestión oriental”. Corea del Norte no quiere, ni puede, ser una segunda China frente a la propia potencia china.

Me arriesgo a afirmar, para concluir, que el conflicto transfronterizo de Corea del Norte se apagará progresivamente conforme otros conflictos internacionales de mayor calado para EEUU vayan cobrando potencialidad. Creo que Corea del Sur y China avanzarán más en las relaciones con la RPDC hasta conformar un Estado ciertamente neutral y menos dependiente que lo que forzosamente es a día de hoy, que depende en pocas palabras de otras potencias no alineadas y sus producciones nacionales (China, India y Pakistán las tres principales).

Y me inclino igualmente a creer que el conflicto militar no existe. No hay tal exaltación de la ideología comunista (juche, en este caso) globalizadora y no hay, para EEUU, tantos intereses en juego como en casos recientes de injerencia imperialista como en Oriente Medio, donde los intereses eran reales. Corea del Norte es un recurso discursivo y diacrónico de las administraciones estadounidenses que tratan de extender la doctrina del Destino Manifiesto a las costas adversas, es una nueva Política de Contención que se aplica a la RPDC en concreto pero es ejemplar para toda la costa Pacífica de Asia. No existe, por tanto, una Zona Desmilitarizada que cause una problemática real, sino un telón de cristal donde todos los adversarios pueden verse el juego de manos, un telón de cristal cuyas astillas no merece la pena extraer a posteriori de la piel.


¹ Pablo Alías. Historia, Universidad de Cádiz (UCA), cooperativista en la Editorial Atrapasueños y director de la Gaceta de los Miserables.

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