Crimea, entre Rusia y Ucrania

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Por Xavier Ramos-Astrain¹.

El cruce de mensajes acerca del actual conflicto de Ucrania, al que difícilmente podemos calificar de «guerra civil» sin más, implica el asentamiento de ideas muchas veces confusas y equivocadas acerca de la realidad de numerosos escenarios. Uno de ellos es el de la península de Crimea. Con el presente artículo, por tanto, intentaremos arrojar luz sobre la trayectoria histórica de su vinculación a Rusia y Ucrania, así como los factores que han dado cuerpo a un nacionalismo prorruso en la mencionada península. Si bien el origen de la actual Rusia podemos situarlo en el Rus de Kiev, hace una decena de siglos, el desplazamiento del centro político hacia el Gran Ducado de Moscovia tras la conquista por los mongoles en el siglo XIII (Álvarez Junco, 2016: p.90) llevó a una paulatina diferenciación entre lo que hoy constituyen Ucrania y Rusia. Ucrania se convirtió en territorio de frontera, dentro de la concepción imperial rusa, frente a posibles peligros provenientes de Europa Occidental, y se vinculó formalmente a Rusia en el siglo XVII. El Imperio Ruso, en constante expansión, fue situando bajo su yugo a un amplio número de nacionalidades, entre ellas la de Ucrania, en lo que más adelante los bolcheviques calificarían de «cárcel de pueblos».

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Crimea, en manos de los otomanos desde el siglo XV, fue incorporada al Imperio Ruso en 1783, permaneciendo como parte de Rusia hasta mediado el siglo XX. En 1954, cuando el antiguo Imperio Ruso ya no existía y sobre el grueso de su antiguo territorio se asentaba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la península de Crimea fue transferida de la república federada rusa a la república federada ucraniana. Las interpretaciones sobre este hecho divergen: para Carlos Taibo (1994: p. 12), fue una decisión caprichosa de Kruschov (Primer Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética) para conmemorar el 300 aniversario de la adhesión de Ucrania a Rusia mediante el Tratado de Pereyaslavl; José María Treviño (2014: p. 76) cree que fue una compensación a Ucrania por las purgas estalinistas. Por su parte, los documentos soviéticos de los que disponemos (1) achacan la transferencia meramente a la ligazón territorial de Crimea con Ucrania y los lazos económicos y culturales.
En cualquier caso, la península perteneció a Ucrania hasta la descomposición de la URSS. Fue en estas escasas cuatro décadas cuando empezó a llegar población ucraniana a la península, alcanzando el 25% en el momento de la crisis soviética, frente a sólo un 12% de población tártara (la originaria de la península) y hasta un 60% de población autoconsiderada rusa (Lázaro, 2014: p. 55). Al descomponerse la URSS, un 54% de la población de Crimea apoyó la independencia de Ucrania (2) (tras haber apoyado pocos meses antes un 93% la continuidad de la URSS y la constitución de una república autónoma) (Taibo, 1994: p. 14).

“UCRANIA SE CONVIRTIÓ
EN TERRITORIO DE
FRONTERA, DENTRO DE
IMPERIAL RUSA”

Poco después comenzaron las diversas tentativas independentistas y rusificadoras. Para Rusia, la flota asentada en Sebastopol fue su gran baza de presión, que mediante el tratado de 1997 se mantuvo legalmente en dicha base, no sin grandes tensiones. En cuanto a las tentativas independentistas, hubo una declaración de independencia del Soviet Supremo de Ucrania en mayo de 1992, que fue retirada tras el no reconocimiento del parlamento ucraniano, y el 1 de junio de dicho año ambos parlamentos acordaron
reconocer a Crimea «todas las capacidades para realizar su potencial político y legal, incluida la posibilidad de establecer, por su cuenta, lazos con otros países» (Taibo, 1994: p. 16). El acuerdo sobre la flota de 1997 desactivó la problemática independentista hasta la reciente crisis de 2014.

¿A qué se debe el repunte del nacionalismo prorruso en Crimea desde el año 2014, que ha supuesto la vuelta de la península al dominio de Rusia? Desde nuestro punto de vista,
existen factores tanto externos como internos. El factor externo indudable es la presión rusa, que ha aprovechado el drástico debate en Ucrania sobre la conveniencia de
orientarse definitivamente hacia la UE y EE.UU. o hacia Rusia para potenciar
su propaganda nacionalista en Ucrania, mostrando la endeblez del argumento de «Crimea es Ucrania» (pues, en rigor, sólo lo es desde 1954, teniendo una vinculación con Rusia históricamente mucho mayor).

“LA VINCULACIÓN DE CRIMEA A LA
UCRANIA INDEPENDIENTE HA
SUPUESTO UN PROFUNDO
HUNDIMIENTO ECONÓMICO DE LA
PENÍNSULA.”

Pero la presión rusa no causaría efecto si no fuera por los factores internos. Entendemos la crisis de 2014 como un detonante, pero cuyas raíces tienen una amplia hondura. Singularmente, el factor económico. A la luz de los datos, podemos concluir que la
vinculación de Crimea a la Ucrania independiente ha supuesto un profundo hundimiento económico de la península. Ucrania, económicamente potente en época
soviética y con una amplia protección social garantizada para su ciudadanía, sufrió una dura crisis económica con el derrumbe soviético, entre caída de la industria, crisis agrícola, grandes privatizaciones, desmantelamiento de los servicios públicos, crimen
organizado y problemas medioambientales. Si bien se recuperó parcialmente en los años 2000, en 2013-14 sus cuentas públicas han caído en picado, elevándose la deuda con Rusia y aumentando drásticamente el desempleo (Taibo, 2014: pp. 81-82).

En cuanto a Crimea (3), las fuentes oficiales nos muestran que durante años el volumen de desempleo fue menor en Crimea que en Ucrania, pero con la crisis se ha disparado. En 2013 seguía siendo menor que en el resto de Ucrania, un 6,1% (dato oficial). Aparentemente es un dato positivo, pero se desinfla al comparar los sectores en que se da el empleo.

Porque en Crimea, a lo largo de los años posteriores a la URSS, se ha dado un proceso de desindustrialización que ha llevado en 2013 el porcentaje de trabajadores del campo hasta un 20,16%, frente a un 8,98% dedicados a la industria (lo que se compara desfavorablemente con el 16,05% de empleados industriales en el conjunto de
Ucrania) (4). La menor caída del desempleo en Crimea se vincula con este menor grado de industrialización, siendo más estable el empleo en el medio agrícola. En el conjunto de Ucrania se ha producido con la crisis un cierto retorno al campo, pero destaca la
elevada cifra de Crimea, que evidencia un atraso económico importante. A esto hay que añadir el contraste entre las potentes reservas de hidrocarburos que tiene Crimea y el proceso de desindustrialización, que ha llevado la riqueza de los hidrocarburos fuera de
la península mientras ésta se empobrecía.

Podemos concluir, por tanto, que este paulatino empobrecimiento de la península, contrastado con su riqueza natural (que se ha invertido en el resto de Ucrania), ha sido un factor determinante en el resurgir del nacionalismo prorruso, al identificarse Ucrania
como un factor de crisis para Crimea, que ha llevado a un retorno al campo, una pérdida de riqueza y un aumento del desempleo.
En esta tesitura, ¿existen posibilidades de que Crimea retorne a Ucrania? Nada parece apuntar hacia ello. Habrá que esperar a ver si Crimea, bajo dominio ruso, se asienta o, por el contrario, acentúa su crisis, lo que podría conducir a un nuevo bandazo (que difícilmente sería aceptado por Rusia).


¹ Xavier Ramos Astrain. Doctorando en Historia por la Universidad de Valladolid.

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